miércoles, 15 de febrero de 2012

Arriesgarse


  • Hacer algo por alguien, es arriesgarse a involucrarse.
  • Expresar sentimientos, es arriesgarse a mostrar tu verdadero yo.
  • Exponer tus ideas y tus sueños, es arriesgarse a perderlos.
  • Reír, es arriesgarse a parecer un tonto.
  • Llorar, es arriesgarse a parecer un sentimental.
  • Amar, es arriesgarse a no ser correspondido.
  • Vivir, es arriesgarse a morir.
  • Esperar, es arriesgarse a la desesperanza.
  • Lanzarte, es arriesgarse a fallar.
Pero los riesgos deben ser tomados, porque el peligro más grande en la vida es no arriesgarse.
La persona que no arriesga, no hace, no tiene, no pretende, no anhela...
Se pueden evitar sufrimientos y preocupaciones, placeres y alegrías pero te estarías perdiendo de aprender, sentir, cambiar, crecer, amar y vivir...
SOLO UNA PERSONA QUE SE ARRIESGA ES LIBRE.
TE ARRIESGARIAS A CORRER RIESGOS?

EL DOLOR ES UN MAESTRO


El dolor en sí mismo no es un mal que tengamos que evitar a toda costa.
El dolor es un maestro que nos puede enseñar muchas cosas.
El dolor nos instruye, nos dice que cambiemos, que dejemos de hacer una cosa y emprendamos otra,
que dejemos de pensar en cierta forma y empecemos a pensar en forma diferente.


Y cuando nos negamos a escuchar al dolor y a sus enseñanzas, lo único que nos queda es convertirnos en escapistas.
Efectivamente, lo que decimos es:
no voy a escuchar,
no voy a aprender,
no voy a cambiar.

Las personas abiertas y que van creciendo no toman a regañadientes la pedagogía del dolor y buscan el cambio.

Intentan respuestas y correcciones adecuadas.

Los otros no escuchan las enseñanzas del dolor.
Se contentan con establecerse y vivir con el 10 % de su potencial humano. Se contentan con morir,
sin haber realmente vivido.

Mediante las verdaderas y permanentes relaciones del amor, podemos recobrar la aceptación de nosotros mismos, la realización de lo que valemos.
Si poseemos estas dos cualidades, todo lo demás se irá desplazando en dirección del crecimiento, por el sendero de la paz.

Cuando faltan el amor y el sentido del valor personal, lo único que queda es una existencia parcial.
Y así solo podremos lograr una fracción de lo que pudimos haber logrado y sido.

Aprendamos del dolor.

"AQUEL DÍA..."


"AQUEL DÍA..."
Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar... decidí no esperar las oportunidades sino yo misma buscarlas, decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución, decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis, decidí ver cada noche como un misterio a resolver, decidí ver cada día como una nueva oportunidad a ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no era más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos, aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar, descubrí que no era yo la mejor y que quizás nunca lo fui, me dejó de importar quien ganara y quien perdiera, ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.

Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien "AMIGO".

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, "el amor es una filosofía de vida".

Aquel día dejé de ser el reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz sino vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas... aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad, desde aquel día ya no duermo para descansar... ahora simplemente duermo para soñar.

Apuntes de Anatomía Apuntes de Anatomía


Apuntes de Anatomía
Que los PIES te lleven por el camino más largo hacia la felicidad, porque la felicidad son solo puntos en el mapa de la vida, y el verdadero disfrute está en buscarlos.

Que los OJOS reconozcan la diferencia entre un colibrí y el vuelo que lo sostiene. Aunque se detenga seguirá siendo un colibrí, y es conveniente que sepas, para que no confundas el sol con la luz, ni el cielo con la voz que lo nombra.

Que las MANOS se tiendan generosas en el dar y agradecidas en el recibir, y que su gesto más frecuente sea la caricia para reconfortar a los que te rodean.

Que el OIDO sea tan fiel a la hora del reproche, como debe serlo a la hora del halago, para que puedas mantener el equilibrio en cualquier circunstancia.

Que las RODILLAS te sostengan con firmeza a la altura de tus sueños y se aflojen mansamente cuando llegue el tiempo de descanso.

Que la ESPALDA sea tu mejor soporte y no la carga más pesada.

Que la BOCA refleje la sonrisa que hay adentro, para que sea una ventana del alma y no la vidriera de los dientes.

Que los DIENTES te sirvan para aprovechar mejor el alimento, y no para conseguir la tajada más grande en desmedro de los otros.

Que la LENGUA encuentre las palabras más exactas para expresarte sin que te malinterpreten.

Que las UÑAS crezcan lo suficiente para protegerte, sin lastimar a nadie.

Que la PIEL te sirva de puente y no de valla.

Que el PELO le de abrigo a tus ideas, que siempre adornan más que un buen peinado.

Que los BRAZOS sean la cuna de los abrazos y no camisa de fuerza para nadie.

Que el CORAZÓN toque su música con amor, para que tu vida sea un paso del UNIVERSO hacia delante.  

Fabricando un padre


Fabricando un padre
En el taller más extraño y sublime conocido, se reunieron los grandes arquitectos, los afamados carpinteros y los mejores obreros celestiales que debían fabricar al padre perfecto:
"Debe ser fuerte", comentó uno.

"También, debe ser dulce", comentó otro experto.

"Debe tener firmeza y mansedumbre: tiene que saber dar buenos consejos".

"Debe ser justo en momentos decisivos, alegre y comprensivo en los momentos tiernos".

"¿Cómo es posible, interrogó un obrero, poner tal cantidad de cosas en un solo cuerpo"?

"Es fácil", contestó el ingeniero. "Sólo tenemos que crear un hombre con la fuerza del hierro y que tenga corazón de caramelo".

Todos rieron ante la ocurrencia y se escucho una voz (era el Maestro, dueño del taller del cielo):
"Veo que al fin comienzan, comentó sonriendo. No es fácil la tarea es cierto, pero no es imposible si ponen interés y amor en ello".

Y tomando en sus manos un puñado de tierra, comenzó a darle forma.

"¿Tierra?, preguntó sorprendido uno de los arquitectos. ¡Pensé que lo fabricaríamos de mármol, o marfil o piedras preciosas!.

"Este material es necesario para que sea humilde, le contestó el Maestro.

Y extendiendo su mano sacó de las estrellas oro y lo añadió a la masa.

"Esto es para que en pruebas brille y se mantenga firme".

Agregó a todo aquello, amor, sabiduría, le dio forma, le sopló de su aliento y cobró vida, pero... faltaba algo, pues en su pecho le quedaba un hueco.

"¿Y qué pondrás ahí?", preguntó uno de los obreros.

Y abriendo su propio pecho, y ante los ojos asombrados de aquellos arquitectos, sacó su corazón, y le arrancó un pedazo, y lo puso en el centro de aquel hueco.

Dos lágrimas salieron de sus ojos mientras volvía a su lugar su corazón ensangrentado.

¿Por qué has hecho tal cosa?", le interrogó un ángel obrero.

Y aún sangrando, le contestó el Maestro:
"Esto hará que me busque en momentos de angustia, que sea justo y recto, que perdone y corrija con paciencia, y sobre todo, que esté dispuesto aún al sacrificio por los suyos y que dirija a sus hijos con su ejemplo, por que al final de su largo trabajo, cuando haya terminado su tarea de padre allá en la tierra, regresará hasta mí. Y satisfecho por su buena labor, yo le daré un lugar aquí en mi reino. Le extenderé mi mano, descansará en mi pecho y tendrá Vida Eterna.

Pues yo también soy Padre y por él, por su bien, para otorgarle vida, me arranqué del corazón un pedazo de amor y lo puse en su pecho. Para que a mí regrese, guiado por la sangre que derramé por él en una cruz, para darle perdón, para mostrarle que aunque es duro ser padre, cuando extiendes tus brazos y perdonas, la recompensa es vida, gozo y amor eterno.

Mujeres


Sexo débil nos llaman, complicadas, nos definen, bellas dicen de nosotras los hombres, quejicas dicen que somos, buenas chicas dicen nuestros padres, caprichosas, dependientes emocionalmente, románticas, gastadoras compulsivas, comprensivas, lloronas, sensibles, luchadoras, sensuales, manipuladoras… Quisiera definir a las mujeres, pero no hay una mujer igual, creo firmemente que cada una de nosotras lleva millones de adjetivos en su personalidad, tantos que sería imposible desglosarlos, más que un adjetivo yo las comparaba con algo que nos define mucho, un junco, si un junco.
El junco se dobla dependiendo a donde se dirija el viento, el junco luce majestuoso en el campo, elegante, nadie nota su movimiento, pero el movimiento es constante, así somos las mujeres.
Siempre majestuosas, arregladas y listas para cualquier soplo de viento en la vida, ya sea brisa de amor, tormenta de dolor, cualquier elemento exterior que nos precise, allí estaremos nosotras doblándonos hacia él con suavidad, apenas sin hacer ruido pero firmes dispuestas a librar batallas. Unas lloran para hacerlo, otras trabajan de sol a sol, algunas suplican, también maquinan, derrochan inteligencia, escuchan, comprenden, aman, apoyan, acompañan, pero casi siempre cumplen su objetivo, casi nadie lo nota, no hay huellas de dolor en ello ni sacrificio alguno recompensado sólo objetivos cumplidos.
Las mujeres sabemos muchas cosas, porque observamos, escuchamos, percibimos sensaciones, sabores, emociones, le damos una dimensión e importancia enorme a un beso sincero, a unas palabras bellas, a la belleza de un paisaje, al calor del hogar, a la compañía de alguien que nos quiere, a la tristeza de un niño, a la soledad de un anciano, incluso al dolor que nos causa el amor, todo lo absorbemos, nada nos pasa desapercibido, todo se instala en nosotras para darnos todo ese abanico de adjetivos de los que disponemos y que nos definen. Nosotras sabemos lo curativo de un abrazo, lo gratificante de un reconocimiento, lo difícil de un perdón, lo fácil de un te quiero, lo extraño de un desprecio, lo duro de una injusticia, y lo falso de una sonrisa.
Al lado de un hombre nos gusta sentirnos únicas, al lado de nuestra familia sentir que nos necesitan, al lado de una amiga notar que no nos juzgan y a nivel profesional reconocidas.
Podemos sentirnos reinas con nuestro bolso o nuestra barra de labios preferida, y la más pequeña de las mujeres cuando un hombre al que amamos nos dice ya no te quiero.
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En una ocasión leí unas palabras escritas por un hombre que decía de las mujeres que somos como las manzanas, las que están en la copa del árbol son las más sabrosas y sanas pero ningún un hombre se atrevía a cogerlas por miedo a dañarse o herirse, cogía las podridas que habían caído al suelo porque eran fáciles y no corría riesgos. Nosotras debemos de procurar estar siempre en la copa de un árbol, porque sólo el más valiente de los hombres será el que nos alcance. Un beso a todas y un lo siento a los hombres, pero es lo que hay.

Fuente: Tubreveespacio.com

La soledad


La soledad

Uno de los grandes problemas psicológicos de la actualidad es la soledad.
¡Cuántas personas actualmente sufren de soledad!
Dios no creó al hombre para que viviera en soledad, al contrario: le dió una mujer para que fuera su compañera.
La soledad es una condición que da lugar a sentimientos, no solamente sentimientos de deseo por estar acompañados, sino también por sentirse rechazados y no queridos.
Este problema (la soledad) no es algo que podamoms ignorar, pues son muchas las personas que declaran sentirse solas. Entre las personas que se sienten solas podemos encontrar viudas o viudos, personas de avanzada edad que no se han realizado en la vida o no han alcanzado su meta en la vida y por eso se sienten solos y defraudados, quizás porque no han encontrado su ayuda idónea. Otras personas se sienten solas y tristes porque no las escuchan, piensan que se les ignora, y eso hace que se sientan rezagadas. También hay personas que se encuentran lejos de su país y de su familia, y eso hace que sientan soledad porque no tienen a los suyos a su lado. En definitiva, por diferentes y variados motivos hay muchas personas que dicen sentirse solas y la mayoría de estas personas son mujeres.
La soledad no hace acepción de personas, y muchas inclusive han perdido la salud mental a causa de ella. Debemos tener mucho cuidado con este sentimiento ya que por pensar o creerse que están solos son muchas las personas que buscan refugio en el alcohol o las drogas, cayendo así en el alcoholismo o la drogadicción y muchos acaban encontrando la muerte.
Pero por qué sentirnos solas o solos cuando tenemos en nuestras manos la solución:
La Biblia dice en Daniel 3:25 que cuando los jóvenes hebreos fueron arrojados en el fuego ardiente no estaban solos; con ellos estaba un varón con aspecto del Hijo de Dios. Elías cuando creía estar sólo en la cueva, vio a Dios acercándosele y hablándole de un modo apacible y delicado. En la Biblia podemos ver que ninguno de los hombres que caminaron con Dios estuvieron solos.
Según el diccionario, la palabra soledad es: falta de compañía, lugar desierto, falta de quién nos tenga cariño.
Pero amiga o amigo que lees esta reflexión, te diré que si te acercas a Dios, si buscas de él nunca más te sentirás soledad, porque así lo prometió Dios. A través de la Biblia podemos leer esas promesas, las cuáles bendicen nuestra vida. En Génesis 28:15 leemos: "He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho"; y en Isaías 43:4: "Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable y yo te amé." Son muchas las promesas de Dios para nuestras vidas pero tenemos que buscarlas en la Biblia y apropiarnos de ellas.
El hombre y la mujer fueron hechos por Dios y para Dios, y sin él estarán solos. Pero hoy Jesús está llamando a la puerta de tu corazón y te dice: Deseo entrar, ¿me permites? Si le dejas, él entrará para siempre, y nunca más sentirás soledad.
Que el Señor te bendiga ricamente.
Autor: María de los Angeles Agoto 2009